Poder hacer, deber de hacer

(sic) 01/12, 3 de diciembre de 2009. (sic) societat i cultura, proyecto expositivo/editorial. MUVIM, Valencia, 3 de diciembre de 2009-18 de febrero de 2010. Publicación sobre el barrio de Velluters, Valencia. Doce entregas semanales de 8 páginas cada una realizadas en papel prensa impreso en rotativa. Espacio de lectura (sic) con mobiliario de Xavier Arenós. Diseño tipografía (sic)Font y publicación (sic): ESTABLIMENT.

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Este primer número de (sic) societat i cultura inicia un recorrido de doce semanas queriendo poner en relación diferentes elementos en apariencia dispares. En primer lugar, responde a un planteamiento de hacer ciudad haciendo cultura, o viceversa, tal y como creemos que debe entenderse la función de los museos en las sociedades contemporáneas. Esto es, pisando el suelo de la sociedad a la que se deben y representan, entendiendo sus espacios físicos como lugares de transacción de conocimiento y generando situaciones que los conecten con el público. La intención del Muvim al plantear un proyecto que incluyera dentro de sí el barrio donde se ubica, ha permitido desarrollar esta herramienta de uso social -periódica pero limitada, fraccionada pero con ánimo de ser un todo correlativo- en vez de buscar un resultado definido o la ilustración precisa de cualquier idea preconcebida. En cierto modo, responde a la necesidad de plasmar la personalidad orgánica de un espacio urbano que, por el hecho de serlo, está en proceso continuo.

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Cinematógrafos Caro y el ocio moderno

Revista Lars, cultura y ciudad, nº17. Aportaciones modernas: Brasil, Argentina y Uruguay. Enero de 2010.

Aspecto actual de la entrada de uno de los Cinematógrafos Caro, hoy Colegio público Santa Teresa

Máquinas y puzzles
En 1910 el cine lleva quince años existiendo. De la atracción que supone en los primeros momentos posteriores a 1895 su propio mecanismo, la fascinación generada por una máquina que es capaz de reproducir un símil del movimiento real, se ha pasado rápidamente a valorar y querer contemplar los mensajes y las historias, entenderlos y dejarse seducir, emocionar y reeducarse por ellos. Una consistente traslación de la forma al contenido, o del medio al mensaje, que se extendió a otros ámbitos y ha pervivido, tal vez con una fuerza inigualable, en el arte de vanguardias y en los estilos artísticos posteriores.
De forma muy similar a como aconteció con la fotografía, el cine fue la culminación de un puzzle de encuentros desperdigados, trabajados desde diferentes puntos y del que, con no poca perspicacia mercantil y respaldo familiar, se apoderaron Louise y August Lumière, patentando una marca y, es cierto que también, un modo de visionado que ha perdurado hasta nosotros y que marcó de principio a fin el siglo XX. Como la historia a veces reescribe sus deslices, una placa que figura en el edificio donde se ubicaba el mítico Grand Café -situado en el número 14 del Boulevard des Capucines- hace justicia honrando a los otros responsables del puzzle francés: «A Reynaud, Marey, Demeny, / Lumière et Mèlies / Pionniers du Cinèma / Hommage des professionnels / a l’occasion / du cinquantenaire. 28·12·1945». Esta suerte de ajuste de cuentas convive con la inscripción clásica e igualmente merecida: «Ici le 28 decémbre 1895 / eurent lieu / les primières projections publiques / de photographie animé / a l’aide du cinématographe / appareil inventé par les frères Lumière». En la actualidad, en el bajo comercial de este edificio se halla una tienda de la multinacional de ropa juvenil Gap y a unos metros de allí otro café, de nombre Le Gran Café des Capucines, juega al despiste con el nombre y renombre del original. La entrada actual a lo que fue el Salon Indien, la sala donde se proyectaron los diez cortos en esa mítica fecha, es el restaurante de un hotel que posee una cafetería llamada Lumière. Se cierra de esta forma el círculo de las referencias y las citas a un acontecimiento histórico que, sin ser la primera proyección cinemática, sí devino definitiva para entender el cine moderno y su correlación contemporánea.

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Certificado del fin de la inocencia

Texto realizado con motivo de la exposición de Martín López Lam Por si alguna vez lo olvido, recuerda no morir nunca. Galería Rosa Santos, Valencia. 9 de enero – 13 de febrero de 2010

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El autorretrato que inicia el recorrido de esta exposición es un texto dibujado sobre papel, el fondo oscurecido con tinta y las letras reservadas en blanco. No hay referencia ni información alguna de la fisonomía del autor, simplemente esta frase: “Nací un 26 de octubre de 1981 a las 6’30, o algo así”. Por lo general, los autorretratos, al igual que ocurre con las autobiografías, tratan de definir, describir, mostrar, incluso sustituir por mimesis o a través de la ficción al personaje de análisis. Mirar y leer este autorretrato implica desconfiar del mensaje; la parte final del mismo (“o algo así”) no asume el yo como un hecho incuestionable que atiende a su nacimiento, el día, la hora y la fe ciega que implica creer en ese puro avatar convertido en fecha señalada de por vida. Asimismo, genera una distancia ante el propio representado que puede verse como un descreimiento, el certificado concluyente del fin de la inocencia, el principio de la duda existencial sostenida en un momento concreto, y corregida y aumentada a lo largo de los años sucesivos.

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(sic) societat i cultura

Publicación periódica para proyecto expositivo
MUViM-Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat. 17 diciembre 2009 – 14 febrero 2010

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sic   Adverbio latino que significa “así”, que se emplea particularmente, colocándolo entre paréntesis, en las transcripciones de textos o documentos, para indicar que cierta palabra o expresión que puede parecer equivocada está así en el original.

(sic) se compone de doce periódicos semanales de 8 páginas cada uno.
Fecha salida primer número: 3 de diciembre de 2009
Fecha salida decimosegundo número: 18 de febrero de 2010

(sic) durante doce semanas quiere generar un espacio (las ocho páginas) que contenga otro (el barrio de Velluters de Valencia).
La intención de (sic) es crear un espacio cultural semanal centrado en un barrio, Velluters, el cual aloja el museo que produce el periódico, y disponer de la independencia y el tiempo óptimos para reflejar las distintas realidades de la zona, en fase de transformación y cambio.

 

Velluters es uno de los cinco barrios que componen la Ciutat Vella de Valencia y el último en despertar a la planificación y reurbanización generalizada de los cascos históricos. Marginado en parte por la apertura de la antigua Avenida del Oeste, hoy Barón de Cárcer, y la construcción de los edificios que lo dejaron enclaustrado entre dos avenidas de gran afluencia de tráfico, la degradación del barrio se acrecienta por la derivación del barrio chino en un lugar de conflicto. Un conflicto irresuelto al que hasta ahora sólo se ha propuesto la aséptica idea de hacer desaparecer a las personas consecuencia de esta irresolución.

El origen gremial del barrio queda atestiguado hoy por los nombres de numerosas calles, no por la existencia real de profesionales agrupados en la zona. Esta idea, sin embargo, ha perdurado hasta el punto de haber modificado su nombre (o recuperarlo), antes denominado barrio de El Pilar o, directamente, el Chino.

La complicidad entre este pasado y el momento actual, en que los comercios tradicionales han desaparecido o se han transformado en locales destinados al ocio o a actividades terciarias, es un aspecto que interesa analizar en (sic). Asimismo, interesa analizar la evolución y el cambio de paradigma de la arquitectura de la zona, cuyo entramado medieval no ha sido respetado en proyectos clave, como el Complejo educativo de Velluters, o donde las intervenciones de nuevos edificios de viviendas han sido más o menos acertadas.

Otro aspecto de interés relacionado con el anterior, se centra en recuperar determinadas voces no tan lejanas en el tiempo y, sin embargo, completamente apartadas del vocerío actual circundante. ¿De verdad hemos cambiado tanto? Y si es así, este cambio, ¿realmente sigue definiéndonos?

Pocas dudas pueden surgir ahora, en este proceso proyectual, a propósito de la principal intención de (sic), que es definir una identidad general a partir del análisis profundo de un particular. Un intento de descifrar un todo abstracto a partir del análisis profundo de una parte concreta.

Puedes ir comprobando los avances de este proyecto y proponer casos de estudio y cuestiones en (sic)

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Impactos mediáticos de las revueltas

Texto realizado para la publicación de la X Edición Cabanyal Portes Obertes. Salvem Cabanyal-Canyameral. El Cabanyal, Valencia. Octubre 2008.

La fotografía de prensa es el registro de los acontecimientos merecedores de ser noticia. Así lo sabemos tras más de un siglo de prensa diaria ilustrada con fotografías, a la que acudimos deseosos de confirmar nuestras ideas con sus imágenes. No siempre coinciden, pero no tanto por su falta de precisión como por la ausencia de visibilidad de ideas y opiniones minoritarias. La minoría es aquello que debe existir en cualquier estado de derecho que se precie para que la mayoría siga ninguneándola, cuando no deseando su pronta y aséptica desaparición. Mientras que saber cuándo un acontecimiento es merecedor de convertirse en noticia es tanto o más complicado como descubrir qué nace antes, si el evento o la necesidad de seguir aportando información diaria. El paso de un acontecimiento del estado de suceso al de noticia es más rápido y accesible que el que tiene que hacer una opinión minoritaria para convertirse en mayoritaria. Entre medias está, en ambos casos, el papel de los medios de comunicación; pero la economía, ya lo hemos comprobado sobradamente, siempre gana a la ideología… incluso en épocas de crisis.

 

La velocidad de los sucesos y la necesaria ocupación del espacio de los medios de masas parecen conciliar sus esfuerzos para dejarnos asombrados por igual ante la afluencia de datos y ante su narración casi idéntica, salvo detalles cada vez más imperceptibles en el tono o en el enfoque del discurso. Es por eso, tal vez, que las transformaciones en los modos de difundir las noticias hayan ayudado a la banalización de la información escrita tanto como han favorecido la eclosión de la comunicación audiovisual, especialmente con las prestaciones que ofrece Internet, convertido en el termómetro de la actualización perpetua. Perfecta horma al zapato de una sociedad cada vez más dispuesta a vivir los sucesos en tiempo real y a asumirlos a la par que se producen, olvidándolos al poco con similar fruición.

En las ciudades contemporáneas ha ido contagiándose globalmente una necesidad de verse y mostrarse como objeto de deseo que no atiende a fronteras y que necesita seguir en mantenida huída hacia adelante para conservar su imagen ilusoria. Un panorama donde han tenido mucho que decir los medios de comunicación de toda índole y condición y las imágenes promocionales. Esta actitud ha llegado a Valencia tan tardíamente y con una fuerza tan inusitada que no puede más que provocar un amor desenfrenado entre quienes estén a favor de la mercantilización de la imagen de la ciudad y la conversión de su patrimonio en un gran plató televisivo o un desamor profundo entre quienes esperaran un comportamiento más maduro y contenido por parte de los responsables públicos, sabiéndose como se sabe la trama y el desenlace de este argumento. Más si cabe si la escenografía de esta ciudad por la que un día pasó un río y que debe su ubicación original y su idiosincrasia geográfica a una serie de elementos que han desaparecido, se encamina hacia un gigantismo por igual deshumanizado en sus proporciones e irreversible en su ejecución; admirado y cuestionado a un tiempo.

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¿Qué pintar? ¿Por qué pintar?

Texto incluido en catálogo de la exposición Los claveles. Una aproximación a los jóvenes pintores de Sevilla. Fundación Chirivella Soriano, Valencia, 25 de abril – 7 de septiembre de 2008.

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Encabezar un texto con una pregunta puede incitar a dudar de él, de las hipótesis planteadas y las respuestas que puedan surgir de esa misma cuestión. Puede incluso orientar el análisis hacia una dirección tan determinada, que nos quedemos sin capacidad de revertir la situación o reorientarla hacia algo positivo. Decir positivo aquí, en este contexto, es hacerlo en el sentido de utilidad, algo que es beneficioso, pero no necesariamente pragmático, ni menos aún, crematístico; sino que resuelve aquello que se propone. En otras palabras, a la escritura parece que se le exige como elemento intrínseco no dejar de decir cosas y, sobre todo, que esas cosas dichas, escritas, aporten cierta comprensión sobre lo que tratan, clarifiquen. La pregunta como título o el título como pregunta en este caso, quieren asentar una actitud cuestionadora y sí, también dubitativa, aunque no dudosa en ningún sentido. Dudar de un planteamiento evita direcciones previamente establecidas, deja entrar una buena porción de azar, convierte el trayecto en un avatar incierto y abierto, donde todo es aún posible. Dudar es un paso previo y necesario en cualquier descubrimiento, por sencillo y personal que éste pueda ser. La relación entre pintura y escritura converge de lleno en su capacidad retórica como afirmación de sí mismas y como explicadoras del mundo.

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Ficción de la política, realidad del arte. Valencia como caso de estudio

Texto publicado en Revista Lars. Cultura y ciudad, nº 10 Ciudades portuarias. 2008

En varias ocasiones se ha recurrido al estrabismo figurado de Valencia, con un ojo mirando a Madrid y otro a Barcelona, para intentar definir la realidad de una sociedad compleja, contradictoria y profundamente indefinida, salvo en sus mantenidas [y algunas regeneradas] ansias tradicionalistas. El cambio de esta situación hacia la miopía que padece en la actualidad es una pretensión política reciente, un giro cervical que tiene como fin la mirada fija, obsesiva, hacia el mar; como si se hubiera encontrado por fin y de forma definitiva la salida del laberinto, o se pretendiera como la perfecta huida hacia adelante que toda situación en crisis necesita para seguir manteniéndose críticamente en forma. Suele pasar con los sentimientos conversos, que se afanan con la misma o incluso con mayor insistencia en el antagonismo que en su primera opción contraria.

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