Movimientos complejos en lugares híbridos. BIAM 2014

Texto realizado para la publicación de la 13ª Biennal d’Amposta-BIAM’14. Centre d’Art Lo Pati, Amposta. Del 24 de julio al 30 de agosto de 2014.

BIAM'14

Una característica ya previsible del arte contemporáneo es la contaminación entre prácticas en su búsqueda, siquiera formalmente, de la novedad y como material necesario para adecuarse a la sociedad cambiante. Como dice una frase célebre que tiene algo de mágica, “la novedad es vieja como el mundo”, y aún así, en el presente debe prevalecer la opción de permitirnos caer de nuevo en la trampa más dulce: responder con frases ya dichas a las preguntas tantas veces planteadas. Una mirada mínimamente distinta al motivo de análisis puede conseguir un cambio notable en el modo como enfrentamos nuestros grandes temas y deseos, y ese pequeño gesto vale su peso en oro dentro del sistema artístico, ávido y necesitado de estímulos constantes.

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Una apuesta por la resistencia

XXII Encuentros de Arte Contemporáneo-EAC (2012), Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

Fotograma del vídeo Montaña en sombra, de Lois Patiño

Cualquier certamen o convocatoria de arte contemporáneo que arriba a su decimosegunda edición es siempre una señal inequívoca de perseverancia y resistencia. Si además ésta se produce en el año 2012, con ya casi cinco años de crisis financiera a nuestras espaldas, que está dejando los recursos económicos culturales (y también los educativos y sanitarios) en cifras más propias de épocas pasadas, el valor y el mérito es aún mayor. A todo lo dicho cabe añadir aún otra cuestión doble: que el objeto destino de esas ayudas es para adquirir arte contemporáneo y que su radio de acción es internacional; dos cuestiones que desafían realmente la ley de la gravedad del momento actual, por el que deberíamos resignarnos a emigrar fuera de este país (y que en efecto cada vez se encuentra más vacío de mentes pensantes) o bien someternos a una tortura ad infinitum basada en el ninguneo hacia cualquier actividad o trabajador/a cultural.

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Relato y acción del memorial

Texto con motivo de la exposición Implosió impugada 16. Rescat d’un relat, de Rafael Tormo i Cuenca, en ocasión del trigésimo aniversario de la Pantanada de Tous (1982-2012). Beneixida, 20 de octubre de 2012.

Incluso el arte que emplea recursos tomados directamente de la realidad, que emula sus principios, razones y que asume las complejidades derivadas de ella, necesita de un relato para contarse. El relato es la narración más o menos lineal, más o menos fragmentada de un suceso que ha ocurrido o que se prevé que ocurra. Puede que no tengamos otra forma de contar, ni de vivir, las cosas que nos suceden, sino pensando en el modo como contaremos esa experiencia a los otros. Comprender es saber contar aquello que acontece, y gran parte de la historia de la civilización se basa en historias contadas de unos a otros y posteriormente transcritas. La cultura popular implica el paso de información y acciones de mano en mano, de boca a oreja, de una generación a su siguiente, construyendo un imaginario colectivo que, a su vez, moldea la identidad de sus integrantes. Conforme la sociedad ha acelerado los modos de generar y trasmitir información, se ha necesitado registrar de alguna manera lo que se ha ido quedando atrás, reducido a un ejemplo previo que ha posibilitado llegar hasta este momento, el “presente perpetuo” vaticinado por Guy Debord, desde donde se da cuenta de las estadísticas de lo novedoso. La manera de llevar a término esta necesidad vital es el espacio que ocupan determinadas prácticas artísticas, que obtienen en el contraste entre la individualidad y su función social, el elemento básico para generarse y mostrarse sin un gran exceso de contradicciones.

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Relat i acció del memorial

Text fet amb motiu de la exposició Implosió impugada 16. Rescat d’un relat, de Rafael Tormo i Cuenca, a propòsit del trentè anniversari de la Pantanada de Tous (1982-2012). Beneixida, 20 d’octubre de 2012.

Fins i tot l’art que empra recursos presos directament de la realitat, que emula els seus principis, raons i que assumeix les complexitats derivades d’ella, necessita un relat per a contar-se. El relat és la narració més o menys lineal, més o menys fragmentada d’un succés que ha ocorregut o que es preveu que ocórrega. Potser no tinguem una altra forma de contar, ni de viure, les coses que ens succeeixen, sinó pensant en el mode com contarem aquella experiència als altres. Comprendre és saber comptar allò que succeeix, i gran part de la història de la civilització es basa en històries comptades dels uns als altres i posteriorment transcrites. La cultura popular implica el pas d’informació i accions de mà en mà, de boca a orella, d’una generació al seu següent, construint un imaginari col·lectiu que, al seu torn, modela la identitat dels seus integrants. Conforme la societat ha accelerat els modes de generar i transmetre informació, s’ha necessitat registrar d’alguna manera el que s’ha anat quedant arrere, reduït a un exemple previ que ha possibilitat arribar fins a aquest moment, el “present continu” vaticinat per Guy Debord, des d’on es dóna compte de les estadístiques d’allò nou. La manera de portar a terme aquesta necessitat vital és l’espai que ocupen determinades pràctiques artístiques, que obtenen en el contrast entre la individualitat i el seu servei a la societat, l’aliment bàsic per a generar-se i mostrar-se sense un gran excés de contradiccions.

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El territorio ganado por la fotografía

EST. Publicacions Publicación con motivo de la exposición de Mariela Apollonio The Art Circle. Directors, en Kir Royal Gallery, Valencia, junio-julio de 2012.

La mirada consciente a la realidad transforma nuestra percepción de lo real. Ahí es donde la fotografía, y cualquier derivado contemporáneo de la imagen, regenta su poder, pues construye e instituye algo a partir del referente, donde antes lo representaba. Jean-François Chevrier lo indica de esta manera: “El siglo XX es, tal como quería Fernand Léger, el siglo de los ‘constructores’ […] Nunca se había hablado tanto de creación funcional como en este siglo en el que todas las funciones del arte han sido cuestionadas”[1]. Es un poder transformador, como se ha demostrado, y lo continúa siendo a principios del siglo XXI. Pero en su esencia, la fotografía –o al menos ciertas prácticas fundacionales en activo adscritas a lo fotográfico– todavía mantiene una vinculación, por pequeña que sea, con el documento, con la prueba testimonial. Varios conceptos entran en juego en esta operación: “realidad”, “documento”, “imagen”, “práctica”, a los que habrá que ir añadiendo otros, como “crítica institucional”, “fotografía escenificada”, “cosicidad del sujeto”, “arte fotográfico”, “espacio arquitectónico”, para deslindar el territorio donde se ha asentado Mariela Apollonio y desde el cual ha construido una voz.

 

Texto íntegro en: EST. Publicacions

 


[1] Jean-François Chevrier, La fotografía entre las bellas artes y los medios de comunicación, Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 2007, p.75.

Tomar las riendas

La crisis institucional actual no tiene su fundamento únicamente en la mala gestión de los recursos, sino en la mala planificación de su estrategia. Esto es así si miramos la situación desde la perspectiva de lo común, por la cual quien gestiona tiene el poder y el deber de actuar en consonancia con lo que registran los textos constitucionales democráticos. Es decir, gobernar para todos con políticas para todos que intenten la mejora social de cada uno, con independencia de sus opiniones, siempre y cuando entiendan y practiquen lo que ha venido a llamarse “el juego democrático”. Si observamos la situación desde una perspectiva donde la gestión de los recursos va enfocada al beneficio y el desarrollo de aquellos que ostentan una opinión similar a la promulgada por los gestores del poder y se encargan de transmitirla y extenderla por la sociedad, de modo que cada vez más las opiniones diversas tiendan a desaparecer, entonces entenderemos que las instituciones no deben ni pueden gestionar aquello que es de todos. Y, entonces, hay que tomar las riendas.

En el contexto autonómico de la Comunitat Valenciana, donde las competencias territoriales transferidas parecen un ser o no ser de la personalidad de sus políticos y habitantes, el ámbito cultural contemporáneo sufre un absoluto exterminio. Los gestores culturales, por lo general incompetentes e ignorantes culturales, han ido ejerciendo una presión cada vez más fuerte sobre la cabeza de los autores, sean éstos artistas visuales, dramaturgos, músicos, actores o poetas. Si algún sentido les queda a las instituciones tal y como las construimos y aún perduran, es el de ejercer de faro que alumbra, de información que conduce y educa, de opinión que deja espacio para la discusión y la discordia. Lejos de esto, la actual gestión de la cultura ha pasado de la producción más o menos cuantiosa, a la existencia paupérrima; de la libertad de expresión, a la censura; de una visión contemporánea de la sociedad y la ciudad, a una amalgama de tópicos tradicionalistas que sólo pretenden mostrar lo contemporáneo como una excepción sin sentido, como la actitud estrafalaria de una minoría pedigüeña y tendente a la exageración.

La cultura contemporánea, sin embargo, es una cosa muy seria. Mucho más seria desde luego que el cargo que ostentan un puñado de políticos que reparten sus competencias y se intercambian los cargos con total despreocupación y sin conocimiento real de aquello que asumen. Muchos de los cuales ahora están aquí y mañana dirigen una empresa o fundan un think tank para mantener lo propio. Y es mucho más seria no porque quien lo produce moviliza las masas (que no lo hace) o dice cosas que descubran la verdad (que tampoco); sino porque habla de sucesos y está realizado por personas que viven su contemporaneidad, es decir, que son contemporáneos de los políticos y de esa gran mayoría de conciudadanos suyos que ni saben que existen, ni les gusta que existan. Trabajar desde la resistencia es una cosa muy seria; así como es serio y peligroso, aunque inevitable y necesario, tomar las riendas.

El arte visual contemporáneo es un ámbito complejo y contradictorio. Este arte ya no se conforma con determinados parabienes paternalistas; ni con palmadas en la espalda, que en muchas ocasiones han devenido puñaladas traperas. Este tipo de prácticas, difíciles de definir y deslindar porque habitan los márgenes y los intersticios y son aquí donde suelen dar sus frutos, son resistentes porque nacen de la necesidad, y son realistas porque lejos de representar la realidad, aspiran a construirla. Tomar las riendas es, en este contexto, auto-gestionarse, auto-promocionarse, intentar salir de la marginalidad. Determinados proyectos surgen cada poco tiempo con la intención de evitar los malos hábitos adquiridos por los museos, las galerías, las publicaciones mayoritarias. La red está ayudando a generar unas relaciones que no eran posibles hace unos años, y donde lo oficial no es bienvenido, siempre cuestionado y trivializado por las comunidades sociales en red. Esta es una situación novedosa que puede, o bien generar unas nuevas instituciones que aprovechen partes para cambiar su todo, o bien hacerlas desaparecer a través de su disolución. Se verá si somos capaces desde lo social y lo político de acometer tan importantes transformaciones. Desde lo cultural existen ejemplos que ya no esperan el amén de las instituciones para “ir en paz” por el camino marcado, sino que están construyendo nuevos caminos de autonomía para luchar por la libertad, allá donde éstos puedan dirigirse.

Crítica: Implosió impugnada 10, 12 i 14. Rafael Tormo i Cuenca

Publicado en Monográficos arte10.com. Exposición de Rafael Tormo en galería Rosa Santos, Valencia. Hasta el 14 de enero de 2012

El arte visual y la palabra mantienen una relación no muy diferente a la estrecha ligazón histórica que la pintura ha mantenido con la escritura. La diferencia entre arte visual y pintura hoy, con todo tipo de notas aclaratorias y comillas con que podamos acompañar ambos conceptos, se asemeja bastante a la que se establece entre palabra y escritura. Las palabras no necesariamente tienen porqué generar narración, ni poesía, ni literatura. Tal vez se pueda argüir que tampoco la escritura garantiza su conversión en literatura o en poesía, pero sí parecería poco cuestionable afirmar que la escritura pretende un relato, esto es, organizar la información escrita de la que dispone con un orden y unas pautas, por muy variables y cuestionadoras que éstas puedan ser; mientras que la palabra, la frase e incluso el enunciado, buscan un grito, una alarma, una carcajada, un aviso y, a ser posible, una afección directa y rápida tras su lectura.

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