On Conference

Proyecto expositivo en proceso en la Galería Rosa Santos, València. Hasta el 26 de abril de 2019.

 

Un-a interlocutor-a frente a una audiencia generalmente minoritaria, con presencia física y donde se lanzan hipótesis y se reciben opiniones que cuestionan lo dicho. Sobre un estrado o a pie de suelo, tras una mesa o no, sentados o de pie, imaginando relatos y situaciones o mostrando hechos constatables, esperando respuestas o planteando dudas razonables. Siempre siendo un acto performativo, de exposición pública de quien lo hace, dejándose en el discurso una parte aprendida y otra improvisada, mientras la vanidad de esa exposición sigue creando adeptos. Sobre la conferencia, y sobre lo que esconde hacerla. Y su vinculación con lo artístico.

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Virginia García del Pino. Cine para un nosotros

Fragmento del texto publicado en Revista Concreta nº 12. Otoño de 2018.

Existe una desproporción natural entre la expectación sobre el evento y el evento mismo, salvo en las ocasiones donde aquello que sucede aparece sin previo aviso. Sólo en esos momentos los medios de comunicación parecen perder pie, no controlar la situación. Emergen entonces necesitados de resituarse dentro del tablero de acción que normalmente controlan con precisión y donde cada información es tratada a partes iguales como enunciado de un hecho real y como relato ficticio acomodado a sus intereses mediáticos. En los últimos tiempos, las redes sociales han ocupado el lugar de la inmediatez absoluta, desestabilizando con claridad la posición de privilegio del cuarto poder, pero sin debilitar su primacía, al menos de momento, en el tablero económico de la comunicación.

La sociedad del espectáculoque definió Guy Debord hacía referencia a un momento donde se estaban triturando los contenidos de un mundo sólido para ofrecerlos como píldoras masticables. Los grandes relatos se derrumbaron tras la imposibilidad de mantener su argumentario en tanto en cuanto definidores de un mundo por venir. Podían mirar a través del retrovisor de la historia y discernir y explicar lo ocurrido hasta entonces, pero se demostraban inefectivos cuando se les exigía avanzar hacia adelante incluso aunque fuera para prever su repetición cíclica. Esta apreciación quedó todavía más patente en sus Comentarios sobre la sociedad del espectáculocasi treinta años después, donde la economía ya había engullido o transformado cualquier otro ámbito de la sociedad o la cultura con una mínima posibilidad de ser mercantilizado. Un nuevo escenario que fundió los dos anteriores y que Debord definió como lo “espectacular integrado”. Fue una fase previa a la licuación posterior de la sociedad, acuñada por Zygmunt Bauman como líquida, que ha desembocado en la virtualidad total de las pantallas táctiles, donde cualquier fallo de sus sistemas internos deja sin sentido el archivo almacenado en su interior y, por derivación, también nuestras propias vidas y trabajos, dos conceptos cada vez más inseparables. Asimismo, estos tiempos se definen por las impecables texturas de “lo pulido”, según la denominación de Byung-Chul Han, que “no ofrece resistencia alguna”. Y, en efecto, la sociedad actual se cuantifica por lo que fluye, no por aquello que plantea una tensión o una resistencia; por los likesque alcanza en lugar de por la dialéctica que genera.

Texto íntegro en Editorial Concreta