Nuevos lenguajes, nuevos públicos. (Viejas instituciones)

II Jornadas de Investigación La imagen mundializada. ¿Una iconicidad global?. 12 de noviembre de 2010. Organizadas por la Universitat de València y celebradas en el MUVIM-Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat.

imundializada

I

Antes de nada quisiera anunciar que esta ponencia, al contrario de lo que personalmente suelo pensar y hacer, será toda leída. Soy consciente de la diferencia importante que significa realizar este modo de exposición en lugar de uno más informal y ameno, como es hablar sobre el tema en cuestión a partir de unos puntos principales que se desarrollan y se explican conforme el discurso va solicitando mayor o menor detalle. Hay un motivo principal en esta decisión: decir todo lo que se ha de decir, y hacerlo con la imposición de una exigente autocrítica a la que el texto escrito obliga más que la palabra hablada, cuando ésta se expresa de manera espontánea. Teniendo en cuenta que este análisis acabará siendo parte de la publicación resumen de estas II Jornadas de Investigación que llevan por título La imagen mundializada, ¿una iconicidad global?, parece que esta decisión pueda ser acertada, al final se verá. Otra razón importante, que es el poder que todavía mantiene el lenguaje escrito sobre el hablado, es su condición de registro; es decir, que pueda ser consultado, releído, criticado después… instalado en el tiempo que sobrevive a la propia conferencia, por necesidad siempre tendente a ser acción e incluso performance por más que pueda quedar documentada audiovisualmente. Asimismo, como ya se ha podido comprobar, se presentará en primera persona, particularidad ésta que no se hubiera empleado en otras circunstancias pero que ahora, al elegir este modo de comunicación, se torna inevitable.

Una matización más a esta presentación radica en la inclusión de un subtítulo. Al título Nuevos lenguajes, Nuevos públicos, se ha incorporado, entre paréntesis, pero no en voz baja: (Viejas instituciones). En cierta forma, éste reafirma el título que se ha publicado en los programas y se proyecta ahora sobre la pantalla de este salón de actos y, al mismo tiempo, voltea el sentido del enunciado y su contenido. A propósito de la novedad caben muchos matices, también muchos mitos. Como la frase que comenta un personaje en la película de Marcel Carné Les enfants du Paradis empleada por Román Gubern en su libro Godard Polémico, podríamos decir: “¿La novedad?… La novedad es vieja como el mundo”. Al ansia de novedad responde, casi inmediatamente, el conocimiento de un ejemplo que desdice la novedad de eso último, situándolo en una línea cronológica sobre los efectos y afectos, también sobre los desafectos y los defectos, de lo nuevo: esa suerte de paraíso no se sabe bien si perdido o nunca encontrado que sigue empleándose como leitmotiv para casi cualquier logro que pretenda emerger de lo cotidiano e instaurase primero como necesario y, más tarde, como imprescindible. Una máxima que emplea la tecnología, y sus usos pseudo humanizados, a cada momento y en versiones cada vez más sofisticadas.

En este sentido, la novedad no es aquí algo que ya se produjo en un momento anterior, sino la sensación de que los cambios nunca serán exentos, estarán aislados o escindidos de su contexto, como tampoco serán definitivos los logros conseguidos, porque estamos más bien hastiados de comprobar que luchas históricas en el terreno político, social, cultural… se menoscaban, se limitan, acaban finalmente desapareciendo y, según parece por el resultado de las voces en contra o por el momento actual de crisis de sentido y de miedo generalizado ante el futuro inmediato, nunca pasa nada. También aquí es preciso ser autocrítico y esta ocasión que se me ofrece -y que agradezco- es proclive para demostrarlo, pues quien ahora lee esto permaneció en la explanada exterior de este museo sosteniendo uno de los extremos de una pancarta donde se podía leer el texto: “CULTURA SENSE CENSURA”, el 9 de marzo de 2010. Ese día se hizo efectiva la dimisión de Romà de la Calle como director de este centro, obligada por el acto censor e impune ejercido sobre la exposición Fragments d’un any. Una frase dicha por Romà de la Calle entonces recorre este texto ahora: “La política es el aire de la cultura; la cultura es la base de la política”. Así pues, volver aquí de este modo -algo que ha sido reprobado por algunos compañeros y compañeras de profesión, por momentos más preocupados de la ética profesional ajena que del correcto ejercicio de la suya propia- necesitará ser explicado un poco más adelante. Valgan como adelanto dos cuestiones, ninguna de ellas presentadas como excusas o justificaciones: la primera es la vinculación de esta ponencia al grupo de I+D+i de la Universitat de València, dentro del programa Comportamientos artísticos fin de siglo en el contexto valenciano. Precedentes de las poéticas de globalización, cuya investigadora principal es la Profesora Carmen Senabre, co-directora de estas Jornadas y a cuyo grupo de investigación tengo el placer de pertenecer.

La segunda cuestión es más que evidente y responde a la necesidad urgente de recuperar las instituciones, el MuVIM por ejemplo, usándolas y haciéndolas propias, antes de que un día cualquiera salgamos a la calle y comprobemos que ya nos son nuestras, es decir, de la ciudadanía, que es como decir que hubieran desaparecido de improviso y sin pensarlo. Antes de iniciar cualquier investigación, en el ámbito que sea pero por lo general orientada a temas específicos de interés general, es conveniente limpiar la habitación propia, ese espacio de reflexión que permite posicionarse por encima de cualquier otra distracción, muchas veces encaminadas a la pura contaminación del aire y al empobrecimiento de las ideas.

Otra cita, ya empleada por quien esto expone en un texto que igualmente contenía el concepto de novedad en su enunciado, es del pensador y cineasta situacionista Guy Debord. Dice así: “Los hombres se parecen más a su tiempo que a su padre”. Resulta habitual que Debord no sólo indique una dirección a tomar, que lo hace, sino que plantee al mismo tiempo mil y una variantes sobre el modo como queremos o debemos tomar esa dirección. Una decisión ética. Es decir, en esta cita no se plantea únicamente una cuestión de novedad, en el sentido de mirar sobre el presente con la frescura de una mirada menos contaminada o aún no desencantada, como podría ser interpretada la mirada de los hijos en relación a la de los padres (bien sean éstos o aquéllos reales o metafóricos); es hacerlo igualmente hacia el núcleo duro de ese inicio del aprendizaje de la mirada, en un contexto donde lo externo, es decir, lo político, gana en atractivo al ámbito doméstico y domesticado, a su vez domesticador, de lo privado. Semejarse más a su tiempo que a su padre se ha convertido en una máxima de estos “tiempos exponenciales” en lo referente tanto a las transformaciones tecnológicas, como a la ausencia de ideología, la cual se amolda sin prejuicios a la situación concreta de cada momento, siendo su única finalidad el mercado.

Por continuar con las citas -que son el sustento de cualquier intento de novedad que se precie, cuanto menos para tomar impulso desde lo existente ante lo que está por venir- es pertinente traer a colación otra que el propio Debord coloca al principio del Tomo 1 de su Panegírico, una suerte de Memorias en clave de ensayo lúcido y sentencioso. La cita en cuestión pertenece al “Canto VI” de la Ilíada y dice así: “¿Por qué me interrogas sobre mi origen? Las generaciones de los hombres son como las de las hojas. El viento esparce las hojas por el suelo, pero el fecundo bosque da nacimiento a otras, y así vuelve la primavera; de igual modo la raza humana nace y pasa”. Huelga decir -o tal vez no, y debamos empezar de nuevo a decir aquello que de tan obvio que resulta ha acabado siendo desplazado- que a la raza humana pertenecemos todos, incluidos los políticos, aunque muchas veces se consideren una raza aparte; así como los directores de museo, también en ocasiones extra-confiados a su suerte igual de perentoria, es decir, la de ser hojas que pasan -no necesariamente aún caídas-. Este aspecto y el porqué de su pertenencia se explicará más adelante, junto con el otro apuntado un poco más arriba, es decir, antes.

Desde una postura clarividente, Rafael Sánchez Ferlosio indica en su libro de aforismos Vendrán más años malos y nos harán más ciegos: “Sólo aquella que corre gravísimo peligro de pasar inadvertida es una verdadera novedad. Por eso Herodes, que alguna experiencia tiene en el asunto, extiende diariamente a la totalidad del censo su orden de degüello. El instrumento de ejecución es el periódico”. En este sentido, la novedad es representada por la noticia, por la nueva, aquello que los medios de comunicación imponen como actualidad sobre el mismo papel de periódico que acaba sin mucha dilación y con un poco de suerte, en el contenedor de separación de residuos; pero también en el grandioso océano todavía sin mucha profundidad que es Internet -el medio de la globalización amiga- o empleando cualesquiera otros medios difusores de homologación.

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