Laberinto y repetición

Texto para la publicación En superficie de Francisco Acosta. Exposición en Sala de Arte Contemporáneo, Santa Cruz de Tenerife. Del 8 de abril al 5 de mayo de 2010.

I

El arte contemporáneo sabe bien de repeticiones, de insistencias sobre un mismo punto y de resistencia. La repetición consiste en volver a incidir sobre una cuestión, hacerlo una segunda, tercera o enésima vez, verse en la tesitura de tener la posibilidad de mejorar lo realizado en una acción anterior o el intento de revivir una situación irrepetible. En cierto sentido, la validación de la autoría y del culto a la individualidad propiciado desde el entorno artístico, impulsado tanto por la exigencia del mercado como por la avidez de novedades de sus profesionales y usuarios, se asienta en una repetición planteada como necesidad urgente de coherencia: sobre un tema, con una técnica o un lenguaje expresivo concretos y dirigido hacia un fin que remarque las ideas planteadas. Cuestiones como éstas hacen que las prácticas artísticas contemporáneas se relacionen con la obsesión y la conversión del mundo propio en el prisma a partir del cual observar todo lo demás e interpretar lo externo. De ahí deriva la estrecha relación que con frecuencia se establece entre la experiencia vital del autor y su obra artística.

Las insistencias sobre un mismo punto hacen referencia a la perforación del tema principal de la obra, mientras que la resistencia sería el aguante que necesita la obra para seguir manteniendo las dos cualidades anteriores, la repetición y la insistencia. Esta triada de aspectos esenciales componen un área desde donde surgen, reposan y convergen, al mismo tiempo, gran parte de los intentos de generar obras artísticas acordes con la contemporaneidad, es decir, no conformes con su tradicional misión de representación de realidad, sino implicadas en la construcción de realidades diversas.

En no pocas ocasiones, el arte contemporáneo ha sido visto y analizado con desconfianza, como si se tratara de un asunto que no ofrece confianza. La imagen exterior que proyecta hacia una parte significativa de la sociedad resulta o bien críptica –debido a su evolución desde el signo al símbolo y de éste a la alegoría– o bien superficial –en parte por su modo de desvelar la forma interna de las cosas y darle un sentido no siempre lógico. En cualquiera de ambos casos, lleva implícita una connotación peyorativa. El público general acude en masa a eventos socioculturales como las ferias de arte; en menor medida a los museos contemporáneos y poco, o muy poco, a las galerías privadas, con la excepción hecha del día de la inauguración y en parte debido a la afluencia de agentes implicados en el propio sector y a su carácter de evento social. Todos estos aspectos inciden en la discontinuidad perceptiva del arte contemporáneo, una materia sobre la que cabe estar muy actualizado y donde es importante demostrar una dosis importante de creencia. Es por todo ello que gran parte de su público se acerca al arte por lo que tiene de evento y espectáculo y no tanto intentando entender qué existe más allá de su aspecto externo. Es cierto, por otro lado, que las políticas educativas sobre su función y su papel en la sociedad aún son escasas, casi inexistentes o en algunos casos desacertadas.

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Este concepto se plantea asimismo en el texto “Reiteración y perforación del tema”, publicado en el catálogo Sweet Illness realizado con motivo de la exposición del mismo título de Moisés Mahiques, Sala Parpalló, Diputació de València, junio-septiembre de 2009. También puede encontrarse en: http://www.alvarodelosangeles.org/?p=213