4. Fermín Jiménez Landa

La obra de teatro Jo de major vull Fermín Jiménez combina la realidad y la ficción con la naturalidad de saber que cada una necesita de la otra para existir. Al estar disfrutándola, y aprovechando que la Sala Rialto es más grande que el Espacio Inestable donde se estrenó y donde fue complicado encontrar entrada, viene a la mente la dedicatoria con la que Paul Auster inicia Leviatán, una de sus mejores novelas. La dedicatoria está dirigida a la artista visual y fotógrafa francesa Sophie Calle y dice algo parecido a esto: “Agradezco a Sophie Calle el haberme dejado mezclar la realidad con la ficción”. Una de los personajes de la novela, María, realiza acciones y obras artísticas extraídas de las propias de Sophie Calle y otras que el escritor añade, jugando a meterse en la piel y la mente de la fotógrafa para perfilar una protagonista de gran profundidad. Años después, la artista generó la obra Double game (Doble juego) donde convierte en obras o acciones registradas suyas, aquellas que creó Auster a través de la protagonista María. El círculo entre realidad y ficción se cerró, convirtiéndose en las obras a cuatro manos de dos grandes creadores.

La compañía teatral El pont flotant también ha subsumido la vida y obra del artista Fermín Jiménez (Pamplona, 1979) y ha realizado una extensión de sí mismo, sin dejar por ello de incluir elementos autobiográficos de los propios miembros del equipo: Joan Collado, Jesús Muñoz, Àlex Cantó o Pau Pons. Tal vez radique su importancia en haber generado una obra que, siendo claramente propia de esta compañía valenciana y de sus miembros, con detalles afines a sus espectáculos anteriores, genera otra cosa que respira el aire de una creación propia del artista pamplonés. Para quien conozca sus instalaciones, sus juegos de palabras, el modo en que relaciona elementos de gran solidez con gestos aparentemente pueriles o absurdos, esta obra consigue agrupar un sentimiento y una noción claros sobre el trabajo artístico de Fermín Jiménez. Del mismo modo, quienes lo conozcan, dudarán sobre la necesidad del vídeo final, que opta por la promoción de la persona, más que por el misterio de mezclar (aún un poco más) la ficción de un personaje con la realidad de una llamada telefónica en directo al artista. Para quien no conozca la obra del artista o la persona, el vídeo cierra un puzzle construido y mantenido en vilo durante la representación.

La obra se divide en apartados que están escritos en una pizarra frente al público, a modo de obligaciones anotadas en una agenda, el orden del día, las cosas que hay que hacer para sentirse plenamente ocupados. Entre estas acciones, los dos actores Jesús Muñoz y Àlex Cantó (sensacionales a lo largo de la función), juegan el doble juego de ser Fermín Jiménez y ser ellos mismos; en ocasiones pareciéndose en gestos, risas y expresiones al artista retratado, en otras relatando sus vidas o las de los otros dos miembros de la compañía, Pau y Joan. Las escenas donde juegan a las palas y van relatando qué harían en su segundo libre, en su minuto libre, y así pasando por la hora, el día, la semana, el mes, el año y la vida libre, es un canto a la reflexión del tiempo: del tiempo ocupado (o del que viene determinado, el cronos) y del que queda entre los ratos en que no trabajamos, en que no vamos de aquí para allá estresados pensando qué haremos después, aquél que esperamos poder gestionar en algún momento, el de las experiencias propias, el subjetivo (el kairós).

Jo de major vull ser Fermín Jiménez consigue hacer más por la didáctica del arte contemporáneo que todas las guías que pudiera pensar hacerse a partir de ahora o las hechas hasta la fecha. La obra de teatro no sólo promociona (y muy bien) la obra plural e híbrida de Fermín Jiménez, también consigue explicar que este tipo de acciones, las obras resultantes (muy bien explicadas en algunos casos concretos) no responden a una boutade, sino a un compromiso con una actitud ante el trabajo artístico y, en definitiva, responde a un estilo de vida. Este estilo de vida y de obra juega con el tiempo de una forma libre y serena, potenciando el presente como un tesoro y el futuro inmediato como una prolongación del propio juego. Tras la conversación telefónica en directo con Fermín nos enteramos de que, gracias a una beca, se va en breve a Singapur un mes y medio y que después su intención es recorrerse España de punta a punta nadando de piscina en piscina, emulando (aunque multiplicándola por mucho) la hazaña de Neddy Merryl, el personaje protagonista del cuento de John Cheever El nadador. Algunas de las cosas que Jesús y Àlex hacen o dicen durante los casi 100 minutos de representación podría servir en un futuro de punto de inicio para alguna obra o acción nueva de Fermín Jiménez, cerrando a su vez el ciclo entre realidad y ficción, potenciando los vínculos entre aquello que querríamos hacer y lo que realmente somos capaces de llevar a cabo. Como la vida misma.  (21/07/2013)

 

3. Poesía

Recital de poemas en Bibliocafé el sábado 8 de octubre. No conozco el lugar y llego algo tarde por una equivocación con la hora de comienzo. El local está lleno. La cafetería se encuentra en una sala cuadrada amplia, nada más entrar, con una barra grande frente a la puerta. Libros expuestos en estanterías en la parte derecha dirigen la mirada y los pasos hacia el interior, donde se sitúa la librería, que incluye una sala acristalada para encuentros y reuniones, intuyo. Cuando llego ya no hay asientos y me quedo de pie, encantado de poder ver a Antonio Orihuela, que conozco, y a Begoña Abad, que no, leer su poesía. Con algunos poemas de Antonio nos reímos de veras, casi encanados; se mezcla el modo como sabe leerse con los impresionantes textos, de una claridad cristalina y una belleza sencilla que saben a comida casera, hecha a partes iguales de sabiduría popular y amor entregado. Nos reímos como quien escucha algo parecido a una verdad que intuimos o incluso sabemos, pero que no acertamos a definir con tal precisión. ¿Alguien dijo que la poesía no podía ser, también, divertida? Algunos otros poemas, de ambos, también consiguen emocionarnos. Tan sencillo y tan difícil este equilibrio.

Calculo a vuela pluma unas cien personas de público. Mi alegría por esta asistencia se suma al hecho de no conocer, ni siquiera de vista, a nadie de los presentes. Eso sienta muy bien en una ciudad como Valencia, quemada su cultura hasta las trancas y necesitada de regenerarse en cada esquina, a cada momento. Es lo más parecido a una ciudad sísifa. No sé si esto es causa o efecto de construir catafalcos que queman en minutos el trabajo de un año entero, pero a esa pulsión mediterránea de regeneración del yo, de ritual del fuego, de renacimiento, le han quitado la gracia. Es como contar un chiste empezando por el final. Puede que aún se muestre una sonrisa, pero pierde su factor sorpresa. La cultura institucional naufraga en un lodo de impagos, bajo una pila de ideas obsoletas y se encona en la actitud de los adversarios ideológicos (muchos en el caso de la cultura) viéndolos como enemigos irreconciliables. Es necesario, por lo tanto, buscarse la vida, y modelos como el de Bibliocafé son magníficos, encomiables, regeneradores.

Modera el encuentro Vicent Camps, quien nos recuerda varias veces que, aprovechando la visita de Antonio y Begoña, tras este recital, acudirán a dar otro junto a tres poetas más a Xirivella, invitados por la comisión del 15M de esta localidad. Poesía y 15M o, mejor dicho, 15M y este tipo de poesía, la de Antonio y Begoña. Preguntado el poeta de Moguer tras la lectura cómo calificaría su poesía, él simplemente dice: “poesía”. Cuando le preguntan cómo contar a una persona mayor qué pasará con esta crisis que no comprende, cuándo acabará, él matiza: “Primero de todo, dile que no es una crisis, sino una estafa. Y las estafas no se acaban hasta que no cogen a los estafadores”. Este tipo de poesía, de posicionamiento, es tan fuerte como sensible es el ritmo que crean sus palabras; incluso en estos dos casos es mejor si son pronunciadas por sus propios autores.

Al acabar, me acerco a saludar a Antonio; a presentarme prácticamente, pues aunque hemos mantenido relación por correo electrónico y por teléfono, no estoy seguro de que nos hayan presentado antes. Colaboró con 25 poemas en el libro El arte en cuestión, que tuve la oportunidad de editar como parte final del proyecto Herramientas del arte. Relecturas. Cuento con él para la presentación en Valencia de esta publicación y esta oportunidad la veo como una ya perdida. Me acerco a él, me presento y nos abrazamos. Después me dedica su nuevo libro Todo el mundo está en otro lugar (Ediciones Baile del Sol) y me vuelvo a casa contento, despierto, sensible… empoetizado. Ya saben ustedes qué quiero decir.

 

2. Tenacidad

XIIIª edición de Portes Obertes en El Cabanyal-Canyameral. Trece años de resistencia, tenacidad, reivindicación de la cultura y libertad amenazada. Cada año que pasa, la ciudad de Valencia pierde más prestigio cultural, más posiciones en la intangible clasificación de ciudades educadas y educadoras. También figura a la cola en las clasificaciones que ponderan el respeto por la diversidad, la sensibilidad a las críticas, la transparencia informativa y la racionalización económica. La decadencia de los últimos años se ha construido a golpe de maza por una derecha molesta con las expresiones discrepantes, que potencia los pensamientos y discursos afines y que recibe inalterablemente el apoyo mayoritario en las urnas, lo cual –piensan unos y otros, los que les votan y los votados– les legitima en cualquier acción que lleven a cabo. Al mismo tiempo, la crisis ha venido para quedarse y se afianza como una síntesis perversa de los 4 jinetes del Apocalipsis, un “cuatro en uno” que enmudece ante cómo reactivar la economía de igual modo que lo hace sobre cómo pueden o deben seguir manteniéndose espacios otrora emblemáticos, dígase Palau de les Arts o Ágora, a todas luces desproporcionados. O sobre cómo determinar la importancia de lo que realmente es importante, léase educación, sanidad, servicios sociales, recursos públicos.

Visitar y recorrer El Cabanyal-Canyameral es un complejo equilibrio de opuestos, una contradicción continua que no sólo se observa en las pancartas a favor de la “rehabilitació sense destrucció”, es decir, las proclamas reivindicativas de un modelo de vida concreto que se quiere malvender, y las agradecidas al poder municipal que defienden la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez a modo de solución rápida y especulativa ante un problema mucho más complejo y doloroso. El contraste se da en cada casa que se visita, en cada bajo que se ofrece para mantener viva la llama de una esperanza ganada social y judicialmente y que la obcecación de Rita Barberá, Alfonso Grau y otros políticos de similar pelaje, se empeñan en enmarañar. ¿Qué hacer ahora cuando no hay ni un euro para construir, ahora que se han derribado casas, que los solares se muestran como el perfecto terreno abonado para la degradación y la delincuencia? ¿Qué significan esas bandas diagonales pintadas con tonos marrones que “marcan” los muros de los solares, las medianeras que quedan en pie, los espacios de la discordia? ¿No es acaso lo más parecido a la generación de un gueto, un aviso para paseantes de que se ha entrado en zona de conflicto? ¿Quién se hará responsable de años y años de moving inmobiliario en la zona afectada, cuando las casas adquiridas por el Ayuntamiento se alquilaban a precios muy bajos, exentas de las condiciones básicas de salubridad y así pues aptas para atraer clases desfavorecidas y extender la duda y el temor en los habitantes de la zona?

Por eso, cada vez que vuelve Portes Obertes –muy a pesar de los organizadores, de Salvem Cabanyal, que desearían  poder celebrar el fin de este gran evento– es un acontecimiento de primer orden que nadie debiera perderse; no al menos quienes todavía creen en la cultura de verdad, la popular y la artística unidas como una sola, potente e indestructible. Mientras paseaba por las calles paralelas al mar, Progrés, José Benlliure, Escalante, Padre Luis Navarro, La Barraca, Reina y las transversales Vicent Gallart, Teatro, Cura Planells… vi por momentos la efervescencia de un barrio a medio camino entre el Mediterráneo y el Caribe, pero también la desolación de cualquier lugar degradado de Baltimore o Calcuta. Yonkis con la mirada perdida, suciedad en términos inaceptables, desolación urbanística y un sector poblacional discriminado; y todo esto reluciente bajo la luz más maravillosa que existe, consiguiendo ofrecer un descomunal contraste entre los márgenes de la ciudadanía y los contornos de los objetos y las cosas.

La cultura que se quiere a sí misma y se respeta, es decir, aquella que se hace sin esperar la palmada en la espalda ni el cheque que resolverá todos los problemas es, por sí misma, generosa. La labor realizada en esta edición por la editorial Media Vaca es un ejemplo magnífico de cómo se puede generar cultura bien pensada y bien resuelta. Benvinguts al Cabanyal es un libro compuesto por 99 ilustraciones y 99 testimonios que hablan del y por el Cabanyal. Muchos surgidos de conversaciones entre los artistas y los vecinos del barrio, otros extraídos de textos emblemáticos donde se habla de  tradiciones y costumbres marineras. La mayoría destilan la frágil consistencia de la memoria cuando repiensa aquello que una vez fue y ya no es ni será, pero también la firmeza de quien se siente orgulloso de su pasado, convencido de que, pese a todas las penas, las pasadas y las presentes, la dignidad nunca debe perderse. Media Vaca ha donado 1000 de los 2000 ejemplares editados en esta primera edición para Salvem Cabanyal. Esta generosidad se suma a la demostrada ya durante trece años por esta asociación ciudadana que vindica un modo de vida que les pertenece porque lo han usado, lo usan y les sirve. Ninguna política debiera tener poder para negar una forma de vida, ni para imponer cambios tan drásticos como para pervertir su función. Valencia y sus dirigentes siguen siendo, desgraciadamente, así de tenaces en su despropósito. Yo, como ciudadano, preferiría que se emplearan con idéntico tesón en encontrar soluciones a la crisis, pero ese problema parece que no saben cómo resolverlo. ¿No es el momento ya de decidir que no los necesitamos? Ahorraríamos mucho con el cambio y ganaríamos casi todos.

 

1. Zócalo

Empezar por la “z” de zócalo, es colocar las cosas que han sido relegadas al último lugar de la urgencia, en el principio de la necesidad. La frase es tan elocuente que sólo cabe, de nuevo, agradecer al anonimato y a lo colectivo, las claves para entender lo común, lo circundante y a uno/a mismo/a. Si hay algo que ha vuelto en los últimos meses a la portada de toda información, la real y la de los mass-media, es la importancia de la palabra: surgida en las plazas, debatida en asambleas, convertida en imagen, sí, también, pero no por ello dejada de usar.