Fragmento del texto realizado con motivo de la publicación Ibán Ramón. Posicionament gràfic. IVAM, marzo de 2016.

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I.

Cada trabajo gráfico ofrece una nueva posibilidad de afrontar retos, de aspirar a transformar pequeños detalles cotidianos en elementos definidos que se instalen tal vez para siempre en el uso colectivo; hacer más cómodo y funcional el día a día, especialmente en espacios urbanos donde las capas de información y disputa se superponen con total normalidad y asimilación. Esta pretensión óptima no siempre puede cumplirse, es cierto, ya que se enfrenta a problemas logísticos, clientelares, económicos… pero persiste en cada intento nuevo como si llevara implícito en su labor la necesidad de reinventarse y actualizarse para seguir siendo. La contribución del diseño gráfico al relato urbano de las ciudades tiene numerosos ejemplos y no está exento ni de complicidades con la ciudadanía, ni de complicaciones al respecto de su apropiación de elementos simbólicos, emocionales, sentimentales o identitarios.

Por otro lado, el oficio de diseñador, como otros oficios con predominancia del auto-empleo y que se insertan con flexibilidad en el actual mercado laboral, ha tenido que volver sobre sus pasos para analizar lo que había recorrido y repensar la situación presente y el reto que tiene por delante. No faltan ejemplos donde de manera decidida el medio fue un tipo de mensaje marcado; donde la tecnología disponía del contenido como en un tablero de juegos, en un momento en que lo virtual parecía arrasar con la presencia física de libros y publicaciones en papel; donde la maquetación de textos y la presencia de las imágenes habían intercambiado sus roles, porque las pantallas convirtieron los textos en imágenes y, por un momento, se asimiló el cambio como inevitable. Sin embargo, al tiempo que se equilibraba la presencia y necesidad de cada medio, una parte del diseño gráfico giró sobre sí para revitalizar la cualidad insustituible de la funcionalidad en el diseño, al tiempo que se incorporaron en la impresión recursos y aportaciones provenientes del ámbito web. En este sentido, esa “vuelta” no sólo significa(ba) dotar de confianza y futuro al medio impreso sino restablecer, de manera actualizada, oficios de edición, composición y otras tareas artesanales que habían acabado resultando innecesarias y cuyos profesionales estaban desapareciendo o ya lo habían hecho por la aparente innecesidad de sus oficios. En este fascinante momento de cambio de paradigma, resulta claro que aquellos proyectos y diseñadores/as que mantuvieron la perseverancia en la idea y en un modo preciso de contarla –atendiendo al contenido por encima de recursos estilísticos o excesos esteticistas– se hayan reconvertido en referencias obligadas, si alguna vez dejaron de serlo. La cuestión no está tanto en el estilo propio que cada cual aporte, como sí en el hecho de que éste atienda primeramente y sin concesiones, a las necesidades del encargo o del proyecto; escucharlo y actuar en consecuencia, añadiéndole si acaso una impronta propia.

II.

En sus inicios en tanto que monumentos, en una fase más avanzada como fiestas de rentabilidad turística y espectáculo, las fallas cumplieron cometidos de crítica y cercanía que actuaban como elementos dinamizadores y casi catárticos de la comunidad de personas que la hacían posible, siempre empleando el espacio físico del cruce de calles o plazas implicadas como elemento simbólico y lugar de reivindicación y memoria.

Publicación Posicionament gràfic