Texto realizado con motivo de la exposición de Pablo Noguera “Mito de luto” en Galería Mr. Pink. Del 12 de junio al 4 de julio de 2014.

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La transformación de la realidad en relato, y de éste en mito, está en la esencia de nuestra tradición cultural, aquello sobre lo que se ha construido nuestra identidad. A diferencia de otros animales, los humanos somos capaces de anticipar lo venidero, de ahí el poder sobre el resto y, de ahí también, nuestro drama infinito, pues el final es conocido con suficiente antelación. La cultura, y su conversión en objeto, acción o historia, es la capacidad de detener un instante y el poder de convertirlo en eterno, al tiempo que moldea a quien lo hace y a quienes lo contemplan, en una suerte de construcción del yo y, por derivación, también del imaginario colectivo. El aprendizaje no puede estar separado de la experiencia creativa, y viceversa.

Proveniente de un territorio centrado en lo pictórico y lo dibujístico, Pablo Noguera ha arribado a un lugar donde se ha hecho necesario combinar materiales y dimensiones; salir de la superficie plana y los límites definidos por la abstracción para enfrentarse a la mimesis a escala del mundo. Este trayecto no está exento de incertidumbres, de trampas esquivas y de consecuciones exitosas, como la vida misma. De ahí que el artista haya necesitado enfrentarse a este mundo nuevo enfrentándose primero a un mito. Como se explica en el texto adjunto, el mito de Cipariso narra el drama de la muerte, por equivocación, del ciervo preferido de Cipariso que, después de la consciencia de su error y de su luto sin fin, pide al dios Apolo convertirse en árbol.

Pablo Noguera ha desmenuzado este mito narrado en Las metamorfosis de Ovidio para convertirlo en secuencia. El señuelo no puede ser más claro: una cronofotografía de un ciervo, de Edward Muybridge, inicia el proceso anunciador. Tras este mensaje, la combinación de materiales toma forma en instalaciones, fotografía, vídeo, tinta y acrílico sobre papel. A su vez, las instalaciones emplean fibra de vidrio, bronce, papel, láminas y madera de ciprés, vidrio, mármol blanco de Thasos, la cornamenta de un ciervo… como elementos dispuestos para una hibridación necesaria. Si una secuencia remite a la “disposición o serie de ciertas cosas que siguen unas a otras”, parece apropiado en este caso referir su manera de trabajar a esta definición, donde cada obra aporta información y reincide en una cara de un poliedro figurado.

Una figura a escala de Cipariso montado sobre el ciervo; la jabalina sobre un lecho de ciprés y una mancha de plomo; el ciervo abatido secuencialmente, poniendo volumen a una instalación de influencias muybridgenianas; la cornamenta del ciervo y su cráneo sobre el que se manuscribe el texto del mito; el ciprés tallado en mármol que se inscribe en la maqueta de un paisaje simbólico; un ciprés suspendido del techo y conectado a un gotero; su fruto fotografiado; un catálogo de árboles, donde se entronca con el archivo posterior; la dramatización del mito grabada en un video y presentado en bucle… son las partes casi correlativas de esta secuencia de enorme complejidad. El arte emplea aquí todas sus bazas, sin amagar ninguna. El paso de Pablo Noguera de enfrentarse al mundo a través de sus imágenes codificadas por la cultura, y de los materiales que componen su diversidad formal, es un paso definitivo –y posiblemente sin vuelta atrás– hacia la consciencia de los límites, pero también hacia el conocimiento panorámico de sus posibilidades. El inicio de un camino asentado en un mito que devendrá, más pronto que tarde, en una serie de encuentros con la realidad misma.